decepciones del US Open 2026
El US Open es conocido por ser el test más exigente del golf mundial, pero lo vivido en la edición 126ª en Shinnecock Hills ha llevado a muchos jugadores al límite de sus fuerzas. Mientras Wyndham Clark celebraba su heroica victoria, los pasillos de la casa club se llenaban de rostros serios, frustración y lamentos.
Para ganar un Major hace falta rozar la perfección, y esta semana varias de las grandes superestrellas del planeta golf han firmado una actuación para el olvido. Analizamos las grandes decepciones del US Open 2026, aquellos jugadores que llegaban con cartel de favoritos y terminaron devorados por el implacable recorrido neoyorquino.
1. Scottie Scheffler: El amargo cumpleaños del Número 1
Resulta duro calificar a un jugador que termina en el Top 4 del torneo como una «decepción», pero tratándose de Scottie Scheffler, el listón está en la estratosfera. El texano llegaba en un estado de forma imperial, compartía el partido estelar del domingo con Clark y, para más inri, celebraba su 30º cumpleaños durante la ronda final. Todo estaba alineado para una remontada histórica que le acercase un paso más al Grand Slam de su carrera.
Sin embargo, el domingo de Scheffler fue un auténtico calvario. Su juego de tee a green, habitualmente robótico y preciso, se mantuvo sólido, pero su putter volvió a congelarse por completo. Incapaz de materializar las opciones de birdie en la primera mitad de la vuelta, la presión psicológica terminó pasándole factura. Al final, una tarjeta de 71 golpes (+1) el domingo le obligó a conformarse con el par del campo (E) en el acumulado. Para el gran dominador del golf moderno, tener una ventaja de seis golpes a tiro y no ser capaz de meterle presión al líder es, sin duda, una oportunidad de oro perdida.
2. Jon Rahm: Desconexión absoluta con el fescue

El León de Barrika llegaba a Shinnecock Hills con ganas de demostrar que su juego sigue estando hecho para los escenarios más imponentes de la USGA. Sin embargo, el US Open 2026 ha sido uno de los torneos más frustrantes en la carrera reciente de Jon Rahm.
El principal enemigo del jugador vasco esta semana fue el temido fescue (la hierba alta y densa de los márgenes). Rahm no estuvo fino con el driver desde el jueves, encontrando los caminos ásperos en demasiadas ocasiones. En lugar de tirar de paciencia, los bogeys tempranos encendieron su temperamento, lo que le llevó a cometer errores de estrategia graves al intentar golpes demasiado heroicos desde posiciones imposibles. Al final, un torneo gris y muy lejos de los puestos de vanguardia que encienden las alarmas en su preparación para los próximos desafíos.

3. Bryson DeChambeau: La ciencia no pudo descifrar los greenes
El «Científico» del golf siempre genera una expectación brutal en el Abierto de Estados Unidos por su estrategia de reventar el campo a base de potencia pura. En un campo como Shinnecock Hills, esa estrategia requiere una precisión quirúrgica que Bryson DeChambeau no tuvo esta semana.
Aunque sus golpes de salida dejaron boquiabiertos a los aficionados por su descomunal distancia, el desastre llegó al pisar las zonas de approach y los greenes. DeChambeau sufrió una pesadilla absoluta intentando calcular las caídas y las velocidades extremas de las banderas neoyorquinas. Sus característicos análisis milimétricos no sirvieron de nada ante unos greenes que se comportaban como auténticas pistas de patinaje, encadenando bogeys y dobles bogeys que dinamitaron su tarjeta y su moral mucho antes de llegar al fin de semana.
4. Ludvig Åberg: El colapso del prodigio sueco
El joven sueco era uno de los favoritos unánimes antes de que se pegara el primer golpe el jueves. Su juego largo, perfectamente diseñado para las calles estrechas y el viento de Shinnecock, prometía ser una garantía absoluta para las jornadas de criba.
Nada más lejos de la realidad. Ludvig Åberg sufrió un calvario absoluto con la lectura de las pendientes desde la primera jornada. Su incapacidad para adaptarse a la velocidad extrema de las banderas le llevó a cometer varios tres-putts fatales. Lejos de calmarse, la frustración minó su confianza, encadenando bogeys en las segundas vueltas del viernes y el sábado que le dejaron completamente fuera de cualquier opción competitiva. Un duro baño de realidad para el prodigio europeo.
5. Rory McIlroy: Una batalla ganada que supo a muy poco
El norirlandés mantiene una dolorosa maldición con los Majors que ya se extiende por más de una década. Rory McIlroy arrancaba el fin de semana con serias opciones de pelear por el título. Tras un viernes y sábado de pura supervivencia, la prensa especializada destacaba que McIlroy «ganó la batalla» en Shinnecock Hills debido a su tremenda capacidad de resiliencia sobre los complicados greenes.
Sin embargo, cuando llegó la hora de la verdad el domingo, la magia se desvaneció. El juego de McIlroy careció de la agresividad y el acierto necesarios para asaltar el liderato en los momentos en que Wyndham Clark estaba flaqueando. Aunque logró salvar los papeles de cara a la galería, terminar el torneo sin haber estado metido de verdad en la pelea dominical vuelve a dejar un sabor de boca muy amargo.
Cuadro Resumen: Las Estadísticas de la Frustración
| Jugador | Expectativa Inicial | Resultado Final | El Factor Crítico |
|---|---|---|---|
| Scottie Scheffler | Ganar el Torneo | T4 (E) | El putter se congeló en la ronda final el día de su cumpleaños. |
| Jon Rahm | Pelear el Top 5 | Fuera del Top 20 | Falta de control con el driver y frustración con el rough espeso. |
| Bryson DeChambeau | Top 10 | Fuera de la Pelea | Completa incapacidad para dominar la velocidad de los greenes. |
| Ludvig Åberg | Podio Seguro | Corte Fallado | Pesadilla total con los tres-putts y la lectura de pendientes. |
| Rory McIlroy | Romper la Maldición | Fuera del Top 10 | Falta de agresividad en los hoyos decisivos del domingo. |
Conclusión: Shinnecock Hills no perdona nombres
Este US Open ha vuelto a demostrar que a la historia del golf no le importan los ránkings, los circuitos de origen ni los apellidos ilustres. Cuando el viento sopla en Long Island y los greenes se ponen duros como el mármol, todas las ventajas teóricas se evaporan.
Tanto el bando del PGA Tour como las estrellas del LIV Golf tendrán que lamerse las heridas rápidamente si quieren llegar con opciones al último Major del año. Shinnecock Hills ha dictado sentencia, encumbrando la frialdad de Clark y hundiendo las ilusiones de los gigantes más respetados del circuito mundial.
